Un golpe de realidad.
Los ojos llorosos de ella resaltaban de los demás -Ojala los muertos
sintieran - el ataúd abierto dejaba ver el cuerpo golpeado y con moretones en
todas las extremidades. Repetía una y otra vez que deseaba que aquel cadáver
tuviera los sentidos aún vivos, minutos después un aire frio inundo la sala, la
chica podía ver el vaho de su aliento, la piel se le erizo cuando volteo hacia
su espalda y vio a un ser pálido con túnica negra que se le acercó hasta el oído
en donde le susurro - ¿De verdad? -. La mujer miró la extraña figura y todo se
congelo a su alrededor mientras seguía escuchando al ser - ¿Sientes la
necesidad de que aun descansando en paz teman por la soledad eterna, la
oscuridad absoluta, el espacio reducido o la falta de aire? ¡No seas tonta! Pero
claro cualquier mortal desea sin pensar en las consecuencias de su melancolía
ante los difuntos -.
La mujer sonrió sombríamente y con una seguridad endemoniada le contesto a la criatura - Querida muerte, a ti te esperaba, abre los ojos y date cuenta de tu error, yo no deseo que sientan solo por lo que dices - se llevó las manos a la cara y siguió hablando con una tranquilidad absoluta - Deseo que aquellos inmundos seres sientan sus ojos devorados por gusanos, que inhalen el pútrido aroma de su carne mientras se pudre, que griten en sus mentes mientras sus huesos se separan uno por uno, que sientan sus almas quemándose en su propio infierno - la figura de la muerte sonrió y desapareció.
Se escuchó una voz del otro lado de la puerta del cuarto acolchonado - Paciente 12, esquizofrenia, máxima seguridad -.
Los médicos se alejaron y el eco de la risa de la mujer fue lo único que quedaba.
La mujer sonrió sombríamente y con una seguridad endemoniada le contesto a la criatura - Querida muerte, a ti te esperaba, abre los ojos y date cuenta de tu error, yo no deseo que sientan solo por lo que dices - se llevó las manos a la cara y siguió hablando con una tranquilidad absoluta - Deseo que aquellos inmundos seres sientan sus ojos devorados por gusanos, que inhalen el pútrido aroma de su carne mientras se pudre, que griten en sus mentes mientras sus huesos se separan uno por uno, que sientan sus almas quemándose en su propio infierno - la figura de la muerte sonrió y desapareció.
Se escuchó una voz del otro lado de la puerta del cuarto acolchonado - Paciente 12, esquizofrenia, máxima seguridad -.
Los médicos se alejaron y el eco de la risa de la mujer fue lo único que quedaba.
Me recordó al horla de Moupassant, pero solo por lo sobrenatural. El final es bueno, deja pensando a uno.
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